Chapter 1

Capítulo 1

El capítulo narra el nacimiento de Merahiot, na nací el 16 de junio del 2007 en México mi madre se llama Esli Cervantes canales y mi padre se llama joab Alvarado Suárez quiénes me cuidaron desde que nací sacrificaron mucho por mí al igual que me cuidaron muchísimo para que no me pasara nada aunque nací con el paladar hendido Dios nunca me dejó y así siguió mi vida hasta que tuve a mis dos hermanitas mi primera hermana la mediana se llama ami nehalem Alvarado Cervantes y mi segunda hermana la menor se llama Keren madai Alvarado Cervantes y las quiero demasiado que no las cambiaría por nada y así continuó mi vida mis primeros años de primaria, que fueron agradables. Luego, nos fuimos a Guerrero para cuarto y quinto grado, donde el calor sofocante hace que la experiencia sea desagradable. A pesar de todo seguí adelante

4 min read

Yo Merahiot Cervantes naci en un hospital pequeño, que mi madre recordaría siempre como un suspiro de angustia. El parto fue un éxito Desde ese primer momento mi mamá supo que yo era muy fuerte sería su compañera. Mi mamá me sostenía entre sus brazos, temblando de alivio, mientras mi papá miraba con asombro por lo grande que yo era tenia la certeza de que esa niña enorme ya había superado su primera batalla.

Los primeros años pasaron entre juegos, risas y el cariño de una familia que la envolvía. Al llegar a la primaria, Merahiot descubrió un mundo de colores y letras. Primero, segundo y tercer grado fueron años dorados. Recuerda el olor a lápices nuevos, los recreos interminables y la emoción de aprender y la maestra, me regañaba por ser demasiado distraída En esa etapa, la vida era sencilla, casi perfecta. No había preocupaciones más allá de terminar la tarea o elegir el juego del día. Merahiot sonreía con facilidad, y su corazón latía al ritmo de la inocencia.

Pero todo cambió cuando la familia tuvo que ir a Guerrero. Merahiot tenía nueve años cuando escuchó la noticia. Guerrero, un estado que en su imaginación sonaba a aventura, resultó ser un lugar abrasador. El calor era implacable, un sol que parecía no tener piedad. Al llegar, sintió que el aire le pesaba en los pulmones. Las calles polvorientas, el zumbido constante de los insectos y la humedad que pegaba la ropa al cuerpo hicieron que su entusiasmo se desvaneciera rápidamente. El cuarto grado comenzó en una escuela diferente, con compañeros que ya tenían sus grupos, sus códigos. Ella era la nueva, la forastera. Aunque intentó adaptarse, el calor sofocante no solo afectaba su piel, sino también su ánimo. Las horas en el salón se hacían largas, y el recreo, en lugar de ser un descanso, era una prueba de resistencia bajo el sol.

A pesar de todo, Merahiot no se rindió. Recordaba las palabras de su madre: «Todo pasa, hija. Solo hay que tener paciencia». Así que se concentró en ser feliz a pesar de todo El quinto grado fue similar, una repetición de la lucha contra el clima y el deseo de encajar. Extrañaba su antigua escuela la brisa suave de su tierra natal. Pero Guerrero le enseñó algo: que las dificultades no la definirían. Cada día, al regresar a casa, se sentaba frente al ventilador y soñaba con el día en que todo sería diferente.

Fue en esos años calurosos cuando Merahiot comenzó a entender que la vida no siempre es fácil, pero que uno puede elegir cómo enfrentarla. Aunque el calor la agobiaba, también la hizo más fuerte. Aprendió a valorar los pequeños momentos de frescura: un vaso de agua fría, una sombra bajo un árbol, el viento que a veces soplaba al atardecer y la comida que abeses se podía comer y el aprender a luchar vendiendo donas con mi papá Y así, entre lecciones fui creciendo. No sabía que el destino le tenía preparado un encuentro que marcaría mi corazón, pero eso vendría después. Por ahora, solo me enfocaba en sobrevivir al calor y en guardar en su memoria las lecciones que la vida le daba.

El último día de quinto grado, Merahiot sintió un alivio profundo. Sabía que pronto dejaría Guerrero atrás, aunque no sabía hacia dónde iría. Mientras empacaba sus pocas pertenencias, miró por la ventana de su cuarto. El sol se ponía, tiñendo el cielo de naranja y rojo. A su manera, ese paisaje también tenía su belleza. Pero ella anhelaba algo más, un lugar donde el calor no fuera un enemigo. Su madre entró y le sonrió. «Vamos a casa», dijo. Y Merahiot supo que, sin importar lo que viniera, siempre podría seguir adelante. Esa noche, durmió con la esperanza de un nuevo comienzo, sin imaginar que en el horizonte la esperaba un amor que la haría sonreír, llorar y crecer. Pero esa historia comenzaría después, a los doce años, cuando el destino la llevara a conocer a un chico llamado Kipsain en un lugar llamado Acambay. Dónde vivían mis abuelos Por ahora, Merahiot solo necesitaba descansar, porque la vida, con todas sus complicaciones, apenas empezaba a revelarle sus secretos.

✦ ✦ ✦