Chapter 2
Capítulo 2: La puerta entreabierta
Valeria no volvió a mirar la casa.
Aceleró el paso hasta llegar a la pequeña casa de su abuela. Cerró la puerta detrás de ella y apoyó la espalda contra la madera.
Respiró profundamente.
—Solo fue mi imaginación… —se dijo.
Dejó su mochila sobre una silla y encendió la luz de la sala.
Todo estaba exactamente como lo recordaba: los muebles antiguos, las fotografías familiares y aquel enorme reloj de pared que su abuela nunca dejaba de cuidar.
Valeria se acercó al reloj.
Las agujas marcaban las 11:13.
Frunció el ceño.
—Qué coincidencia…
Entonces el reloj se detuvo.
Tic.
Nada.
Tic.
Nada.
Y después…
¡DONG!
Valeria dio un salto.
La puerta de la casa tembló ligeramente.
¡DONG!
—No puede ser…
La segunda campanada resonó por toda la sala.
Valeria miró el reloj.
Las agujas seguían inmóviles.
¡DONG!
Tercera campanada.
Valeria decidió subir a su habitación.
Pero antes de llegar a las escaleras, escuchó un ruido afuera.
Un crujido.
Después otro.
Como si alguien estuviera caminando lentamente por el jardín.
Valeria se acercó a la ventana.
No había nadie.
Solo la lluvia.
Entonces vio algo.
Al otro lado de la calle, la puerta de la casa número 13 estaba abierta.
Valeria estaba segura de que antes había estado cerrada.
Una corriente de aire movió la puerta lentamente.
Creeeeak…
Y desde el interior de la casa apareció una luz tenue.
Valeria retrocedió.
En ese momento, su celular vibró.
Era un mensaje de su abuela.
Solo decía:
“Valeria, no mires hacia la ventana.”
Valeria se quedó paralizada.
Muy lentamente, levantó la mirada hacia el cristal.
Y en el reflejo de la ventana vio algo detrás de ella.
Una silueta.
No se movía.
Valeria cerró los ojos.
Contó hasta tres.
Cuando volvió a mirar…
No había nadie.
Pero sobre la mesa había algo que antes no estaba allí.
Una pequeña llave oxidada.
Junto a ella, un papel doblado.
Valeria lo abrió con manos temblorosas.
Solo había una frase escrita:
“La puerta ya está abierta.”
Valeria miró nuevamente hacia la casa número 13.
La luz del segundo piso acababa de encenderse.
Y esta vez…
la figura de la ventana estaba sonriendo.